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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Mi madre imbécil

¿Por qué es tan difícil la relación entre madres e hijas? Y pongo bien en primer lugar a las madres, puesto que las hijas raramente quieren y se empeñan en tener una mala relación con ellas, más bien son las estúpidas viejas las que sienten que han perdido poder, juventud y belleza y se dedican a hacer la vida imposible a sus hijas. No así a sus hijos, no, a esos los adoran, porque para algo son hombres.

No entiendo por qué la psicología femenina es tan estúpida en algunos sentidos. ¿Es que las mujeres no son capaces de ser felices y de hacer felices a los demás, si no es con una polla de por medio? Sinceramente empiezo a creer que sólo viven para conseguirse una polla, y que eso es lo único que es capaz de calmarlas un poco. Por eso un sitio donde sólo hay mujeres no es viable, no puede sobrevivir durante mucho tiempo, porque acaban destruyéndose entre sí mismas, con celos, envidias, zancadillas, más practicadas por deporte que por razones objetivas. Las mujeres son tontas de remate. Y siento decirlo, pero desgraciadamente es así.

domingo, 13 de mayo de 2007

Regalo Día de la Madre, agradecimiento tardío y tres horas de conversación al teléfono


Sí, esto va sobre mi madre... ¡OTRA VEZ!

Es que ayer, tras pasar yo una semana entera sin noticias suyas por haberle mandado un regalito por el Día de la Madre, pues ya me estaba mosqueando. "La tía es que no tiene la decencia ni de llamarme para darme las gracias, después de que yo me he molestado y metido varias horas eligiendo cuidadosamente su regalo" pensaba yo.

Pues al final resulta que me manda un SMS ayer por la tarde, diciéndome que le gustaba mucho el CD (le regalé uno de música francesa y algunas cositas más). Pues la llamé enseguida, porque me apetecía saber si le habían gustado las otras cosas también y por charlar con ella. Primera conversación en vivo desde el fatídico domingo aquel en que me despertó a deshoras...

Y lo que bien empieza, contándonos cosas agradables, sobre regalos, sobre su nuevo móvil (por eso no me mandó el SMS antes, dice ella...), pues medio acaba mal. Por supuesto que la conversación derivó hacia unos derroteros que yo no quería para nada explorar (¡otra vez!) con ella, pero es que no pudo ser... Todas nuestras conversaciones acaban terminando en peleas y discusiones a voz en grito, y acusaciones y... caca. Pues ayer no fue una excepción, a pesar de que yo me juré y perjuré que nunca más volvería a pasar por las mismas discusiones eternas y desagradables que no llevan a nada. Pero la señora, como siempre, quiere tener razón y dejar al otro a la altura del betún.

Pues esta vez no. Esta vez la dejé yo a la altura del susodicho. Le dejé bien claritas unas cuantas cosas, ella me acusa de vivir anclada en el pasado y que "hay que perdonar". Le digo que no es que viva en el pasado, sino que le ilustro con sus propias acciones esa mala actitud que tiene hacia mí (y hacia el mundo en general), para que lo entienda. Porque parece que si no dices a la gente bien masticadito todo, pues como que no lo pillan. Le recuerdo cosas gravísimas que pasaron y que ella dijo, como siempre me acusa de "mentirosa" y de "inventármelo todo". Como siempre, manipuladora y viendo sólo la realidad que ella quiere ver.

Por el contrario, lo que ella imagina sí que tienen que ser cosas ciertas... Me dice que por qué la abandoné en medio de Paris hace dos años cuando fuimos de vacaciones, mientras ella se fue a un banco a llorar por la desgracia de hija que tenía...

¿¿¿Quéeee??? ...

Me dijo que sí, que ella había visto cómo me subía al barco en el Sena y la abandonaba allí mismo, mientras la pobrecita se quedaba sola en Paris. Y otra vez yo: ¿¿¿qué??? ¿Está loca la tía ésta? (sí, lo está, no cabe duda, como la mayoría de las madres manipuladoras, por otro lado).

Le aclaro las cosas, preguntándole antes si es que cree que tiene a un monstruo por hija, porque a la vista de estos desvaríos es lo que parece pensar. Le recuerdo el escándalo que me montó por haberme yo retrasado cinco minutos en bajar de la puta Torre Eiffel, y cómo se levantó de repente del banco, chillando que a ella no había que hacerla esperar, que "quién coño" me creía que era yo para hacerla esperar a ella (... se me había olvidado decir que tiene complejo de Reina, por lo menos).

Acto seguido, y para aplacarla porque se había puesto como una fiera (¡encima! después de haber tenido que bajar media Torre corriendo por las escaleras, para llegar a tiempo, porque había unas colas del copón para los ascensores), le propuse que cogiéramos el barco por el Sena para cenar a la luz de las velitas y ver la puesta de sol en Paris desde el río... Me parecía un buen plan, y lo iba a pagar yo además, lo suyo y lo mío, y salía bastante caro (50 euros por persona). Pues la desagradecida histérica ésta no se le ocurrió otra cosa que empezar a patalear diciendo que ella no se subía al barco, que le daba mucho la corriente y que iba a enfermar, que quería ir andando a no sé dónde. Teníamos sólo tres días en Paris y yo nunca me había subido al barco, así que me apetecía. Se lo dije, empezó a chillar en medio de todo el gentío, me insultó diciéndome que "se alegraba desde el fondo de su corazón de que a mí me hubieran acosado en el trabajo durante tantos años", se dio la vuelta y se fue. Y ahí me quedé yo, con el insulto, con la vergüenza de tener que aguantar que la gente me mirase de mala forma, con el dolor de ver un viaje estropeado por enésima vez por culpa de su mala uva...

Bueno, para hacerlo corto. Su versión de los hechos tras esta disputa: ella se quedó llorando en un parque al lado y yo, como una perra hija de mala madre, me cogí tranquilamente el barco y me fui a pasarlo bien por Paris, disfrutando del hecho de haberla abandonado.

La verdad: subí corriendo las escaleras tras ella para hablar, pero para cuando llegué arriba, no sé cómo, ella ya había desaparecido entre la marabunta de gente que había en frente de la Torre Eiffel a esas horas. Me quedé arriba, esperándola y buscándola por todas partes durante más de 20 minutos. Tras eso crucé el puente y me fui al Trocadero a buscarla, por si se le hubiera ocurrido ir allí. Me recorrí a pata más de un kilómetro, dando vueltas por un área enorme, llena de turistas y con unas sandalias que me mataban los pies. (Acabé con un pie hinchado y el dedo gordo totalmente destrozado al final de la noche.) Incluso llegué a hablar con la policía para pedir ayuda (por supuesto que no hicieron nada).

Luego volví al puente ese a buscarla de nuevo, estuve preguntando a la gente de por ahí. Así estuve unas 2 horas hasta las diez menos cuarto de la noche, cuando resultó claro que ya no estaba allí o que ya no la iba a encontrar a esas horas. Me volví en taxi a casa de mi amiga donde nos alojábamos, esperando que entretanto a esta mala pécora de madre que tengo se le hubiera ocurrido volver allí. Nada. Estuvimos con el alma en vilo hasta las 11 de la noche esperando que ella pareciera, que llamara al teléfono o que por lo menos, la Policía nos diera alguna señal de vida de su parte. Y de repente, apareció la tía tan campante, a las once, diciendo que se lo había pasado de miedo en su paseo por Paris. Desgraciada. Y ayer me dice que yo la abandoné a ella alegremente y que me fui por ahí a hacer Dios sabe qué.

Habría que matarla a veces, lo juro, es tonta de remate a más no poder, esta señora. Ayer le aclaré lo de Paris, pero me quedé helada al darme cuenta de cuánta maldad es capaz de albergar esta tipeja en su cuerpo y en su corazón. Dios, qué habré hecho para merecerme esto... ahora ya queda claro por qué ya no la llamo en meses desde hace tiempo. No tengo nada de qué hablar con ella. Nada positivo, al menos.

Y encima me dice que ¡quiere irse de vacaciones conmigo este verano! pagando yo, claro está. Que con mi hermano compartiendo una casa de playa en el Sur, que no quiere, porque está con su novia y "no hay que molestarlos, pobrecitos". Ya, ¡cuánto respeto por mi hermano inútil que no aprobó ni el examen de cómo poner una lavadora en la formación de Hostelería y ahora tiene que trabajar descargando cajas y de comercial, y cuántos caprichos que yo le tengo que pagar! ¡Por aquí!

¡Puta!

(desesperada estoy)

lunes, 23 de abril de 2007

Mi madre parte II


Ayer me llamó por la noche. No, en realidad me mandó un SMS escrito todo en mayúsculas (la pobre es que no se aclaró nunca con los mensajes de texto y apenas hace unos meses empezó a escribirlos).

Tras yo reprocharle que hiciera el favor de no llamarme los domingos por la mañana pues yo quería dormir, me vino con su discurso victimista de siempre, hecho a posta para que cause culpa en el otro, diciendo que "pues a mí tú siempre puedes llamarme a cualquier hora"...

No piqué. Le respondí por SMS también, que no hiciera un drama de todo ello y que sabía perfectamente que estaba intentando manipular, otra vez. Que lo único que pido a la gente es que me trate con un poco más de sensibilidad y bien sentido, que si yo no la llamo los domingos por las mañanas (o a las 12 de la noche) es porque pienso en su descanso y me pongo en su lugar y pienso antes de hacer las cosas si éstas van a molestar a los demás o no. Ella no, nunca lo ha hecho, y para alguna vez que se le ocurrió hacerlo, te lo restriega luego en la cara toda la vida, como si acabase de salvar a todas las víctimas del Titanic.

Total, que "sólo" le pido respeto. El mismo que tengo yo por su descanso.

Ese mismo que a mí de pequeña me obligaba a tener hacia los demás, machacándome con reproches cada vez que metía la pata y llegando a llamarme "gitana" si alguna vez una ropa la llevaba más corrida de un lado que del otro e íbamos a ver visitas. En lugar de decírmelo amablemente, en plan "llevas el jersey de lado, póntelo bien", tenía primero que humillar con calificativos de lo más despectivos. Lo venía recordando hoy en el ascensor mientras bajaba de dar una clase.

Por supuesto, siempre lo negará y aprovechará para llamarte otra cosa ya de paso: "tú estás loca, yo nunca he dicho una cosa semejante, sólo me dices eso porque quieres hacerme daño". Pues no, mami querida, aprende que otros no somos tan paranoicos como tú, y que cuando decimos las cosas es porque de verdad han ocurrido. No como tu caso. Y además, si esto te hace daño que te lo recuerden, ¿qué daño no me habrá hecho a mí de niña cuando tenía que oír que me descalificaban de esa forma sólo porque llevaba un puto jersey ladeado y encima sin darme cuenta de ello? Qué puta cruel eres, pero por supuesto, en tu gran megalomanía y paranoia nunca serás capaz de reconocerlo.

Pues ahí tienes mi respuesta, el efecto a tus artimañas y a tu personalidad insufrible: llevo sin hablarte más de tres meses. ¡Y los que quedan!

domingo, 22 de abril de 2007

Mi madre


Siguiendo con las putadas que me están haciendo el fin de semana, vamos ahora con mi madre. Mi madre, persona egoísta, egocéntrica, mirándose el ombligo todo el santo día, ignora que hay otros seres en este planeta. Y que esos seres tienen sus propias necesidades como, por ejemplo, dormir un poquito más los domingos por la mañana.

Así que va la tía y me llama al móvil a las 11 putas horas de la mañana, cuando sólo hacía unas poquitas que estaba yo durmiendo. "Nada, es queeee... te echaba de menos". Ya. ¿Y a mí qué, so guarra? ¿Por qué no me puedes dejar dormir tranquila y me llamas por la tarde? ¿O es que sólo me llamas cuando a tí te viene en gana, da lo mismo que sean las 10 de la mañana, las 7 o las 12 de la noche? La cuestión es que tú te sientas bien, faltaría más.

A todo esto, le había dicho hace tres meses que dejara de llamarme porque siempre que lo hace sólo es para quejarse de algo (de su vida, principalmente, y es que, como ya he dicho, sólo vive para sí misma). Estoy harta de tener que descolgar el teléfono para escuchar las mismas mierdas día tras día, y eso desde hace ya 7 años. Hasta el culo de la tía ésta. Luego, eso sí, no duda en decirme que "se alegra desde lo más profundo de su corazón" de que a mí me hubieran despedido, cuando yo fui víctima de mobbing laboral. Puta.

PS: la foto la describe totalmente: caprichosa, maniática, totalmente self-absorbed, imposible, presumida, mandona, pedante, pretenciosa, afectada y con un sentido de la autocrítica cero.